viernes, 15 de noviembre de 2013

APORTES DEL BULLYING O ACOSO ESCOLAR (VENEZUELA)


Por: Antonio Pérez Esclarín 

La violencia crece pujante en todas partes. También, por supuesto, en las escuelas, liceos y universidades. Ya no nos sorprende escuchar o leer noticias de enfrentamientos y  peleas  entre liceos, destrozos de mobiliarios,  violaciones y asaltos a mano armada en las universidades, la exigencia de morrales transparentes para evitar que los alumnos introduzcan armas, el comportamiento violento de algunos estudiantes incluso contra sus propios profesores. De hecho, los centros educativos aparecen mucho más en las páginas de sucesos que en las  de educación. Todo esto no debería sorprendernos demasiado dado que la violencia se está convirtiendo en una cultura que ha penetrado todo desde las familias hasta la política, al  punto que consideramos normal insultarnos, ofendernos o maltratarnos y nos da miedo salir a la calle tomada por la delincuencia.

Pero hoy quiero abordar un tipo de violencia, que pocas veces se condena por parecer menos peligrosa,  pero que con frecuencia tiene consecuencias muy graves. Me estoy refiriendo al bullying o acoso escolar, que está preocupando mucho en Europa. La palabra bullying viene del inglés “bully”, que significa matón o agresor. En este sentido se trataría de conductas que tienen que ver de una forma reiterada con los insultos, las burlas, las bromas muy pesadas,  la intimidación,  la humillación, los golpes…A veces es un individuo el que acosa y maltrata;   en otras, un grupo o pandilla. Por lo general, este tipo de acoso se da entre alumnos de edades comprendidas entre los 6 y los 17 años, aunque la edad de mayor riesgo en la aparición de este tipo de violencia se sitúa entre los 11 y los 15 años.  Si bien estas situaciones resultan muy comunes en los centros educativos,  suelen ser muy dañinas para los que las sufren. Las consecuencias van desde el temor a ir a la escuela o el liceo, el desinterés por los estudios y su  abandono,  el retraimiento y la angustia, hasta  el causar traumas y daños irreparables que pueden llevar incluso al suicidio. Tal es el célebre caso, entre otros,  de Jokin, un alumno de 14 años que se suicidó en Hondarrabía, un pueblito vasco, harto ya de tanta humillación y maltrato por  un grupo de sus compañeros de clase.   Como dato bien significativo, los que han estudiado este fenómeno han descubierto que el 40% de los pacientes psiquiátricos fueron  víctimas de algún matón en el liceo o el colegio.

Si bien  hay una gran variedad  de tipos de acosadores,  todos tienen en común algo o alguien que los hace sentir inseguros, de modo que ellos fanfarronean y agreden para sentirse  mejor.  Por ello, la agresión y el acoso generalmente se da con espectadores, con muchachos alrededor porque para los agresores tener público es muy importante. Esto ocurre generalmente porque el agresor desea tener reputación de rudo o fuerte, por creer que eso le hará más popular.   Por lo general, los agresores sufren o han sufrido humillaciones en el hogar o por parte de otros compañeros.

Para prevenir y enfrentar el problema hay que comenzar por dejar de pensar “que todo esto es normal entre estudiantes”, “que se trata tan sólo de bromas de muchachos”, y trabajar todos (familia, educadores, políticos, ciudadanos en general) por una cultura del respeto y el buen trato que combata con decisión todo insulto, maltrato, humillaciones, ofensas y nunca aliente o celebre los maltratos y peleas.  Las investigaciones confirman  que, en la mitad de los casos, se termina la agresión si alguno de los espectadores dice con firmeza: “Basta ya”, “esto no es gracioso”, “¿te gustaría que alguien te hiciera a ti lo mismo?”

Para finalizar, quiero recordar tres frases de Mahatma Gandhi, el apóstol de la no-violencia: “Lo más atroz de las cosas malas de la gente mala es el silencio de la gente buena”. “La humanidad no puede liberarse de la violencia más que por medio de la no- violencia”. “No dejes que muera el sol sin que hayan muerto tus rencores”.   
CONDUCTAS NO OPERATIVAS


La Conducta es toda reacción observable de un sujeto diferenciando estas en verbales, musculares y glandulares de allí las conductas no operativas son entonces consecuencias a corto y largo plazo para quien la emite y para quienes lo rodean, pudiendo llegar a convertirse en una manera de comportarse, como forma general de cotidianidad y desencadenar sucesos realmente lamentables para todos los involucrados.
En primer lugar como conductas no operativas en déficit o en exceso se presenta la Desobediencia siendo estas muchas veces un acto de afirmación y de independencia. La capacidad de dudar, de criticar y de desobedecer ha sido y es una fuente de desarrollo y crecimiento que nos remite así a una determinada relación e interacción entre el niño y los padres, entre el niño y los educadores.
Caracterizándose por presentar conductas agresivas (peleas) y en otros casos las acciones son más pasivas, como ignorar las instrucciones recibidas por los adultos, siendo en ambos casos el factor común la oposición a las normas e instrucciones establecidas por los padres y adultos en general.
Por su parte el Oposicionismo es otra de las conductas no operativas en exceso la cual se define como el rechazo activo de las figuras de autoridad y de la exigencia que imponen. Negación y rechazo del control. Provocaciones y desafíos hacia los padres, los profesores y otros adultos de relevancia.
Se caracteriza por enfrentamientos groseros, desobediencias activas, negarse reiteradamente a trabajar, hacerse el desentendido ante las instrucciones, realizar actividades distintas a las propuestas, hacer cómo que no entiende lo que se le pide, molestar a los demás (especialmente a los adultos en el desempeño de sus funciones).
Finalmente como conducta no operativa hablamos del Déficit de atención “un tipo Diferente de déficit atencional –uno que probablemente involucra la atención focal y la velocidad de procesamiento de las funciones cognitivas, más que el mantenimiento de la atención.